Subió el deseo por la tapia
que el dolor dejó crecer,
entre musgo y enredaderas
que aprendieron a ceder.
Se vistió con otros tiempos,
dio dos vueltas y danzó;
y en las ruinas de mis muros
algo antiguo despertó.
No pude ocultar la sonrisa,
breve y eterna a la vez…
Y te dibujo en la memoria
con detalle y con calor,
como sólo se dibuja
lo que el cuerpo conoció.
Te dibujo tan de cerca
que aún te puedo respirar;
como aquel beso que hizo escombros
las paredes de mi soledad.
Descalza llegaste hasta mí,
sin anunciarte ni explicar;
cubriste mis ojos incrédulos
con la palma de tu mano.
Y antes de que comprendiera
lo que estaba por venir,
un solo beso fue suficiente
para derrumbarme y reconstruir.
Subió el deseo por la tapia
que el dolor dejó crecer,
entre musgo y enredaderas
que aprendieron a ceder.
Se vistió con otros tiempos,
dio dos vueltas y danzó;
y en las ruinas de mis muros
algo antiguo despertó.
No pude ocultar la sonrisa,
breve y eterna a la vez…
Y te dibujo en la memoria
con detalle y con calor,
como sólo se dibuja
lo que el cuerpo conoció.
Te dibujo tan de cerca
que aún te puedo respirar;
como aquel beso que hizo escombros
las paredes de mi soledad.
Descalza llegaste hasta mí,
sin anunciarte ni explicar;
cubriste mis ojos incrédulos
con la palma de tu mano.
Y antes de que comprendiera
lo que estaba por venir,
un solo beso fue suficiente
para derrumbarme y reconstruir.
En el fondo de tus ojos
vi mi reflejo decir adiós;
sonreía como hace tiempo
ya no sonreía yo.
Tal vez perderte fue la forma
de volverme a descubrir:
hay dibujos que se borran
y otros enseñan a vivir.
Y te dibujo en la memoria
sin pedirte regresar;
porque aquello que fue hermoso
no se pierde al terminar.
No te quedaste entre mis brazos,
pero algo volvió a latir:
fuiste el trazo de una ausencia
que me enseñó a sonreír.