septiembre 01, 2011

Dibujo

Subió el deseo por la tapia
que el dolor dejó crecer,
entre musgo y enredaderas
que aprendieron a ceder.

Se vistió con otros tiempos,
dio dos vueltas y danzó;
y en las ruinas de mis muros
algo antiguo despertó.


No pude ocultar la sonrisa,
breve y eterna a la vez…


Y te dibujo en la memoria
con detalle y con calor,
como sólo se dibuja
lo que el cuerpo conoció.

Te dibujo tan de cerca
que aún te puedo respirar;
como aquel beso que hizo escombros
las paredes de mi soledad.


Descalza llegaste hasta mí,
sin anunciarte ni explicar;
cubriste mis ojos incrédulos
con la palma de tu mano.

Y antes de que comprendiera
lo que estaba por venir,
un solo beso fue suficiente
para derrumbarme y reconstruir.


Subió el deseo por la tapia
que el dolor dejó crecer,
entre musgo y enredaderas
que aprendieron a ceder.

Se vistió con otros tiempos,
dio dos vueltas y danzó;
y en las ruinas de mis muros
algo antiguo despertó.


No pude ocultar la sonrisa,
breve y eterna a la vez…


Y te dibujo en la memoria
con detalle y con calor,
como sólo se dibuja
lo que el cuerpo conoció.

Te dibujo tan de cerca
que aún te puedo respirar;
como aquel beso que hizo escombros
las paredes de mi soledad.


Descalza llegaste hasta mí,
sin anunciarte ni explicar;
cubriste mis ojos incrédulos
con la palma de tu mano.

Y antes de que comprendiera
lo que estaba por venir,
un solo beso fue suficiente
para derrumbarme y reconstruir.


En el fondo de tus ojos
vi mi reflejo decir adiós;
sonreía como hace tiempo
ya no sonreía yo.

Tal vez perderte fue la forma
de volverme a descubrir:
hay dibujos que se borran
y otros enseñan a vivir.

Y te dibujo en la memoria
sin pedirte regresar;
porque aquello que fue hermoso
no se pierde al terminar.

No te quedaste entre mis brazos,
pero algo volvió a latir:
fuiste el trazo de una ausencia
que me enseñó a sonreír.