diciembre 17, 2010

Desencanto y pluralismo de valores

Actualmente, un tema central en materia de filosofía política y moral es el del pluralismo de valores. Y es que la realidad política sabemos que supera por mucho a la ficción y con ello surge un común denominador en la teoría política desde Weber, el desencanto. Desencanto que conduce a un pluralismo  casi inversamente proporcional de cierta forma a lo profundo del primero en las sociedades modernas. Semejante postura y visión la encontramos en uno de los más relevantes pensadores políticos y morales del siglo XX. John Rawls al igual que Weber y Berlin (sólo hay que leer el título de su libro The Crooked Timber of Humanity"), me parece que desconfía tanto en A Theory of Justice como en Political Liberalism de la idea del bien común desde el momento en el que afirma que en la filosofía política, la labor de abstracción es puesta en movimiento por profundos conflictos (Rawls, 1996, Political Liberalism, p.44). Conflictos que se agravan sin duda en el contexto tan especial que tiene hoy en día lo que podríamos denominar quizá la cultura democrática moderna y las características que a ésta han dado en la última década sobre todo, los medios masivos de información y la incesante y vertiginosa tecnologización de las sociedades.

Rawls, parte así de la idea de la crisis generada por la Reforma y el desarrollo del Estado moderno y las ciencias, como conflictos que sirvieron de motor o mejor dicho quizá, detonadores de cambios profundos en la forma en que los individuos se coordinan en lo político tras el reconocimiento no sólo de los conflictos subyacentes en las sociedades, sino de la necesidad de avanzar a partir de ellos a formas diversas de relacionarse con el objeto de subyugar al miedo o desencanto que genera la idea del resultado en caso de no hacerlo. De ahí que Rawls pase del planteamiento teórico de un consenso social más amplio en A Theory of Justice a un consenso sólo en lo político en Political Liberalism al reconocer la existencia de esferas de las vidas individuales y colectivas que contienen a su vez, posiciones ontológicas irreconciliables, es decir, al reconocer el pluralismo de valores y principios.

La postura rawlsiana propone así una visión de lo que se podría, con fines explicativos y en ese sentido instrumentales, denominar "universo moral", como un lugar carente de un sentido objetivo inherente. El pluralismo se convierte así en un elemento dado que no puede ser sustraído por medio del razonamiento o desaparecido explicativamente. El pluralismo de valores sin embargo, no es sinónimo de relativismo y el uno no implica al otro pues el último no va al fondo que es la existencia y sobre todo, igual validez con que se pueden ponderar y que guardan los valores al ser unos puestos de frente a otros. Tal relación entre valores se debe a la falta de una medida objetiva que permita ordenar o jerarquizarlos y al hecho derivado del pluralismo de valores mismo y consistente en que no hay tal cosa como el bien común y que pueda servir como Bien para todo individuo y sociedad. En ese sentido, es de reconocerse que sin embargo, la mayoría de los teóricos que de algún modo se han ocupado de este tema reconocen la existencia de ciertos bienes básicos en el sentido de que deben formar razonablemente parte de toda vida humana y una legítima y gran variedad de bienes, culturas, religiones, preferencias sexuales o simplemente de propósitos que es válido perseguir o buscar, situación que contrasta con las teorías monistas que reducen todos los valores bajo la sombrilla de una escala o medida común o tratan de generar una jerarquía para ordenarlos.

La pluralidad de valores se presenta como el único camino existente y en un país como México, con la diversidad de etnias, lenguas, usos y costumbres, una necesidad. No hay un bien común ni un lugar cierto y único al que nos lleve lo que curiosamente llamamos progreso, quizá tan sólo somos una espiral cuyos puntos se mueven a su vez en espirales sin que la geometría tradicional pueda describir tales diseños, quizá se necesita teoría de fractales para aproximarse a ello, un lenguaje nuevo. Términos de una convivencia diversa en la que sin perseguir progresos impuestos y en la que nadie diga conocer el destino, caminemos en el rumbo que mejor nos convenga a cada quien respetando las mínimas reglas que nos permitan garantizar a todos precisamente eso.
Marcos Joel Perea Arellano

diciembre 14, 2010

De representación política y otras cosas

La crisis de la representación política no es un tema novedoso. El tránsito de la democracia directa a la representativa masificada e intensiva a grado superlativo en el uso de tecnologías de información masiva ha traído costos diversos a los sistemas políticos. El más grave en mi opinión, el costo de la desvinculación entre las dos partes en la relación que surge de la representación política, es decir, el abismo que separa al representado del "representante."

La afirmación anterior en nada desplaza en su importancia o pretende ignorar la existencia de otros costos preocupantes por su cuantía y en los que también se incurre en el modelo mexicano cuando la situación económica nacional no es precisamente la más afortunada. Sin embargo, pretendo en estas líneas limitarme a formular ciertas consideraciones en torno a la dramática distancia que existe entre los electores y los cargos de representación política. Distancia que es evidente en los niveles de abstencionismo existentes en los últimos procesos electorales federales y en los resultados recientemente dados a conocer por Transparencia Internacional en materia de corrupción y percepción nacional de la misma y conforme a la cual, instituciones fundamentales de lo que actualmente se entiende como un Estado democrático de Derecho como lo son el Poder Judicial y los partidos políticos, son vistos por nosotros mismos como generadores, receptáculos y fuente de corrupción.

Las instituciones formales por su lado, más por una tradición jurídica que no se justifica hoy en día, han mantenido ciertas modalidades de reelección en un calabozo y se ha decidido implícitamente con ello, generar incentivos perversos que no hacen sino mayor la distancia entre representados y representantes al impedir lo que por desgracia carece de una traducción literal al español (no creo que sea del todo casual), la "accountability" que mucho dista de ser meramente un concepto de responsabilidad y atribución de la misma a sujetos determinados a través de medios jurídicos formales. Se trata de una rendición de cuentas en un sentido más amplio que de cierta forma considero que se funda en las prácticas éticas y de moralidad institucional de cada país y el nivel específico de desarrollo de las mismas en el sentido rawlsiano de generación de un consenso en lo político con fines prácticos (no utilitaristas) y dejando de lado posturas ontológicas irreconciliables.

Ahora bien, si a los anteriores factores sumamos los penosos involucramientos de representantes populares con líderes de organizaciones criminales y sus evasivas e indolentes actitudes una vez conocidos dichos vínculos, no tenemos sino el caldo de cultivo perfecto para la descomposición final de la representación política. Un escenario en el que el diálogo no existe entre ambas partes de la relación sino que cada una de ellas trata de sobrevivir por sí. El problema es que los en estas condiciones pseudo representantes populares, cuentan con los medios para lograr tal objetivo mientras que los electores no son tan afortunados y en su carrera, se desapegan aún más por desinterés, de quienes en cualquier caso perciben como distantes salvo por la ocurrencia de cada proceso electoral.

La responsabilidad en el sentido de la accountability es una cultura que debemos aprender y hacer permear en nuestras sociedades en las que a veces parece que se ha desdibujado con nuestra complacencia la frontera entre lo razonable y lo que no lo es. Y es que en una sociedad civilizada en el sentido político de la palabra, no caben prácticas truculentas ni evasivas, las instituciones son contundentes y no toleran la corrupción en ninguna de sus formas. Si nos encontramos en desventaja ante la falta de incentivos formales para generar una conciencia en tal sentido en los políticos, podemos cuando menos ejercitar nuestra memoria un poco más y darnos cuenta del impacto que tal cinismo tiene en la estructura y el andamiaje institucional y social en el hoy. Al hacer tal ejercicio y sancionar a través del voto, quizá entendamos que no es momento de voltear atrás o hacia posturas redentoras de corte mesiánico. La situación del narco en nuestro país no surgió en los dos últimos sexenios, es un lastre consentido, apapachado y tolerado por anteriores regímenes cuyos descendientes pretenden ahora demeritar una lucha cruenta pero necesaria, se trata de peligrosos oradores que venden una paz mucho más costosa. Una paz cuyo precio somos nostros mismos.

Se avecinan dos años llenos de contiendas electorales en todo ámbito. El banderazo aunque no formal ha sido dado. Los tapados no se esperan a ser destapados, las ansias fluyen. No hay salvación en la inacción. Votar no es sólo una prerrogativa ciudadana, a mi modo de ver implica una obligación civil y debería cuando menos, entrañar algún ejercicio de memoria y conciencia que aprendan de los errores.





noviembre 30, 2010

DOES WIKI LEAK??

Las recientes publicaciones de Wikileaks en relación con cables de ida y vuelta entre el Departamento de Estado de los Estados Unidos y sus representaciones diplomáticas alrededor del mundo han generado todo tipo de reacciones en razón de la posición específica que cada uno de los actores de la esfera mundial guarda frente a las posturas de los norteamericanos en diversas materias.
Que las acciones de inteligencia y contrainteligencia fundan en gran medida la diplomacia misma y su ejercicio desde sus inicios, es un hecho irrefutable cuya negación no cabe ni a un mero nivel teórico. El punto por tanto, no es ese. Pues amén de lo incómodo que ha sido dar explicaciones para la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, al haber sido descubierto el cuchicheo tras bambalinas y a veces en los no más felices términos respecto de "naciones aliadas", la importancia radica quizá en la lectura que se tiene ahora de la agenda de los estadounidenses a nivel mundial. La radiografía de sus prioridades y la exposición de su cuerpo diplomático que sin lugar a dudas y con independencia de las formas que se deban guardar, algo se verá afectado en su capacidad de interlocución pues no conozco a mucha gente dispuesta a seguir platicando con el invitado que en su propia casa les ha tachado de irresponsable, autoritario, ha cuestionado sus capacidades de decisión o peor aún, las mentales.
Que Wikileaks sea un grupo terrorista como lo han señalado en medios la Secretaria de Estado es sin duda alguna, una afirmación exagerada y fuera de contexto y que en algo considero que atenta contra la tan vanagloriada libertad de expresión que adoran los estadounidenses pues vale la pena apuntar que nadie ha desmentido el contenido o procedencia o autenticidad de los documentos indebidamente divulgados. Si, que la divulgación es ilegal, es cierto, nadie lo pone en duda. Pero tampoco pondría en duda que siendo documentos auténticos algún efecto tiene pues la propia señora Clinton consideró importante contactar a sus homólogos en diveros países y como siempre ha dicho mi padre: explicación no pedida, acusación manifiesta. "Calumnia que algo quederá" quizá sea una frase en algo cierta y alguien debería releer a la señora Clinton el fragmento de Macbeth en que se lee: "Everything we do and everything we say matters." Como se diría en ajedrez, "jaque" señora Clinton.
Marcos Joel Perea Arellano

noviembre 24, 2010

¿"Héroes civiles"?

La reciente muerte del señor Alejo Garza en el estado de Tamaulipas a manos de sicarios relacionados con el narcotráfico ha detonado todo tipo de comentarios en medios masivos de información incluyendo el internet. El señor Garza murió tras enfrentar el solo a un comando armado de criminales cuyo líder le había ordenado abandonar su propiedad
Y es que morir defendiendo de maleantes lo que es de uno como lo hizo Don Alejo, es sin duda alguna honroso y loable de frente a morir siendo un criminal y repeliendo a las fuerzas del orden al ser perseguido, de ello, insisto, no cabe duda en mente sana.
Sin embargo, debemos tener cuidado con el modo en el que calificamos los actos valerosos como los desplegados por el señor Garza.
La guerra contra el crimen organizado en nuestro país ha generado y día con día genera bajas no sólo entre los bandos directamente involucrados en librarla sino también, entre la población civil.
Por ningún motivo se me ocurriría poner en tela de juicio la evidente valentía de "Don Alejo", como se le conoce en los medios, y la que sin duda han mostrado en algunos otras plazas de nuestro país cientos de víctimas anónimas de este encarnizado conflicto al defender lo que es suyo o peor aún, a los suyos. Solamente me gustaría recordar que hay deberes encargados al Estado como la salvaguarda de la integridad de los ciudadanos. Deberes en los que hay un grave déficit en nuestro país como se ha reconocido por el gobierno federal pero contra el que se está peleando como nunca antes. Me preocupa quizá que en los medios, los comunicadores empiecen a encomiar este tipo de conductas calificándolas de heroicas cuando en realidad se trata de víctimas que caen abatidas por un problema que parece habernos rebasado en ciertos rubros como sociedad. La justicia por propia mano está prohibida en nuestra Constitución. En la medida que demos contenidos diversos a términos en los que hay claridad corremos el riesgo de justificar acciones brutales. Después de todo, los muertos de Tláhuac aún me parecen recientes y no creo que haya tantas formas de interpretar una prohibición.
Cerremos pues filas con el gobierno a través de la denuncia y el cuidado, viendo los unos por los otros e integrándonos como al principio de la humanidad, por el bien y la integridad común. Es una batalla difícil, pero somos más quienes salimos diario de casa para buscar llevar el alimento a los nuestros por medios honestos que los que no lo hacen así. Sin cobardías pero creo que exponernos al fuego cruzado no nos dejará sino sólo mayores pérdidas.
Descanse en paz una víctima valiente que no es un ejemplo sino un motivo de reflexión.

noviembre 18, 2010

VIENTOS DE CAMBIO

La decisión que conforme a estricto derecho adoptó el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) en días recientes, en torno a la validez de la candidatura de uno de los personajes del panismo para ocupar la dirigencia de Acción Nacional abre una nueva posibilidad a la derecha mexicana. Posibilidad que debe sin embargo, fundarse no sólo en un acatamiento material irrestricto a lo dispuesto por el TEPJF en congruencia con una historia partidaria de democracia interna y aprecio por la legalidad, sino en una convicción profunda de miras muy altas que pueda usarse como el cemento que haya de dar unión y fuerza a la construcción de un porvenir, como sea que lo imagine el actual partido en el gobierno.
Las diferencias son un elemento dado en la arena política pero estará siempre en los actores la decisión de canalizar la energía en torno al conflicto hacia la construcción de acuerdos. Los partidos, instituciones políticas sin los que la democracia representativa moderna es inimaginable, son la vía para estructurar demandas ciudadanas y hacerlas llegar al ejercicio del poder público. Los partidos, nutren de esta forma la vida política nacional. La negociación y la transacción razonable son elementos sin los que no es dable sentarse a mesa alguna de discusión que pretenda ser fructífera.
Los argumentos deben subir su calidad, las propuestas ser contrastadas con el actuar de la gente y se debe exigir congruencia a los actores sin importar si es la derecha, el centro o la izquierda quien se ha de renovar. A fin de cuentas, 'hechos son amores y no buenas razones' y la ratificación o sanción de la confianza ciudadana a sus representantes ocurre de modo periódico (amén de los pocos incentivos de rendición de cuentas que tiene el sistema por el tema de la reelección).
La participación de todos los actores en la contienda por la dirigencia blanquiazul es válida como lo ha resuelto la única autoridad facultada para decidir sobre ello. El tema debe quedar superado en todo sentido y debe zanjarse toda diferencia que impida la cohesión que requiere esa corriente. El desagradable surgimiento de fuego amigo por medios informáticos no es algo que se pueda capitalizar en forma alguna o que genere buenas inercias, cuestiona por los motivos incorrectos y debilita en un mal momento.
En el marco del festejo del centenario de la Revolución Mexicana quizá valga la pena pensar en llevar al cabo otra, una revolución mental. Una revolución que arranque la venda de los ojos de una vez por todas a quienes pretenden obtener resultados diferentes pero no quieren abandonar la comodidad de su nicho de confort y hacen todo como siempre lo han venido haciendo. Una revolución personal que sea encabezada por cada hombre y cada mujer en su fuero interno y que conlleve honestidad, responsabilidad social y ejercicio de autocrítica. Una revolución que se replique en las nuevas generaciones para que no se cometan los mismos errores y se camine finalmente por nuevos senderos. Es momento de pensar en un futuro mucho más próspero para los nuestros pero ello implica sacrificio, tenacidad y trabajo hoy.
Quizá es tiempo de hacer las cosas de otro modo, de dar cabida a ideas renovadoras (que no renovadas) e imaginar un México joven, fuerte y moldearlo, darle vida en nuestras manos. Celebro por tanto, la decisión del TEPJF por las posibilidades que considero abre hoy para un replanteamiento de Acción Nacional, para repensar una corriente, pero también, para repensarnos todos quizá.

Marcos J. Perea Arellano

octubre 28, 2010

Desmitificación, destrascendentalización y responsabilidad

Reflexionando en torno a lo que Habermas sostiene en el sentido de que toda afirmación entraña una pretensión de validez universal, comencé a pensar en torno a la forma en que hemos convivido como especie en el plano de las relaciones, orígenes y consecuencias del poder. En el plano de la política.

La ignorancia, expresada como término sin carga peyorativa, en un principio dotó de misticismo al acontecer político. En tal virtud, tomaron relevancia los ritos complicados, oráculos, sustancias, piedras, sitios, ofrendas, sacrificios e incluso, tristemente, guerras y muerte. Era lo ultraterreno y los rituales con ellos asociados lo que dotaba de validez a los actos humanos, eran de algún modo lo que Kelsen denominaría, un referente de significado.

El desarrollo no sólo tecnológico sino del liberalismo y el individualismo también, han cambiado de manera radical el paisaje a través del tiempo.

El recurso del mito ante lo inexplicable o ignorado que se justificó en cierto momento y sirvió de base para justificar actos de cara a terceros dejó poco a poco de dar las respuestas a todas las interrogantes planteadas. Así, la secularización parcial y gradualmente fue dando cabida a prácticas que en un principio fueron tachadas de paganas y que hoy por hoy, dan forma a la civilidad y las instituciones democráticas.

¿Nos hemos desprendido entonces del mito? Claro que no. Las cargas rituales de la civilidad no dejan de ser un girón de tela que aún huele a misticismo en forma de trascendentalismo añorante. Y es que la política y el intento de dotarle de contenido, extensión y significado es una tarea política en sí misma. La afirmación política por tanto y con independencia de la arena en que la misma se presente, no ha dejado de pensarse, plantearse e incluso estudiarse como una expresión con pretensión de validez universal porque el lenguaje de lo político así como ciertas prácticas en torno a ello, evidentenmente están dotadas de cargas normativas desde que la gente que las expresa imprime en ellas el sello del lado que han escogido y lo hacen con el afán de prevalecer por encima del otro en el sentido más político de la palabra. El recurso al mito sigue ahí. Lo que es cuestionable es su utilidad en un mundo sin universalidad a la cual aspirar.

En un mundo así, vale más temprano que tarde comenzar a imaginar formas nuevas de convivir aún en lo político que nos suelen vender y solemos comprar como algo fundamental a usanza de Schmitt. Vale más, detenernos y comprender que sin un rumbo único se debe negociar y conciliar pues nadie tiene La Razón ni podrá tenerla jamás. Lo valioso de la expresión de Habermas radica en que pretende sin duda, dotar a nuestras expresiones de cierto sentido de responsabilidad inherente y por tanto, que la misma se extienda a sus consecuencias. Sin embargo, tal pretensión no sólo asume e implica necesariamente el uso de un lenguaje trascendental que es sólo vecino de habitación del mito sino que anula de un plumazo nuestra capacidad de generar realidades diversas y la posibilidad de construcción de consensos basados en razones y justificaciones entre nosotros con base en el ejercicio de un diálogo en el que exista una conciencia de respeto y responsabilidad sin que los mismos estén referidos a La Verdad o La Razón sino que su foco sea lo Humano, el Otro. Una conciencia cuya "razón" y "verdad" sean contingentes pero compartidas en conjuntos que se empalman, se intersectan y a veces nunca lo hacen. Una conciencia de que vivimos en un escenario en constante caos y contingencia en el que quizá sean las cosas como las planteó Oakeshott. Todos estamos en altamar, en una misma nave y sin la certeza respecto de la existencia de un puerto seguro; sin duda, el mejor camino sería hacer todos lo mejor posible para no naufragar.

octubre 27, 2010

DE TRANSPARENCIA Y CORRUPCIÓN

¿Es el combate a la corrupción una obligación exclusiva del Estado y de los tres órdenes de gobierno? Es evidente que resulta fácil y tentador responder afirmativamente a tal interrogante. Sin embargo, tomar tal atajo nos lleva a senderos que también parecen poco claros y en nada responden o nos dotan de elementos para ubicarnos en el problema real.

La corrupción, percibida desde la óptica estrictamente ciudadana parece ser toda desviación de la normalidad institucional o de la función pública atribuíble a un servidor público y que se actualiza por virtud de privilegiar consideraciones particulares sobre las institucionales o colectivas con el fin de obtener un beneficio indebido o evitar un perjuicio debido. Tal concepción empero, es a todas luces parcial pues lo corrupto no se enquista o aloja exclusivamente en lo burocrático. Lejos de ello, las relaciones de corrupción son intrincadas y generalmente superan las esferas institucionales pues en muchas ocasiones también, se trata de ralaciones bi o plurilaterales en la que diversos actores se coordinan y alinean en sus acciones para la obtención de fines ilícitos.

La corrupción, su estado actual y la defensa de la sociedad ante tal flagelo resultan entonces temas compartidos en esta y en toda sociedad. No se pueden entender en su papel a las autoridades fiscalizadoras sin la contraparte ciudadana de la denuncia. De igual modo, poco productivo resulta tratar de enmendar acciones corruptas en ciudadanos formados cuando tal labor debe para ser efectiva, empezar desde la más tierna edad, en casa.
Impregnar la vida de los infantes de principios sólidos de respeto a la alteridad, a la propiedad ajena y a la justicia (por vago que resulte este último concepto en casos límite), es imperativo para cada familia pues es el niño que hace trampas hoy en sus juegos y se le permite, involuciona en el ciudadano que defrauda, miente y con su negligencia y desprecio por los demás hace daño a la sociedad en su conjunto, es el corrupto del mañana.
Cierto es que nuestro país por mucho dista de ser ejemplo de transparencia y ausencia de corrupción a nivel global. Cierto es también sin duda que las baterías del gobierno mexicano en este sexenio como nunca, han encarado la lucha contra la ilegalidad en todos los frentes posibles e incluso que en la más cruenta de sus trincheras han muerto muchos compatriotas. Cierto resulta igualmente afirmar que la tarea no está acabada por el lado del gobierno... ¿Pero no es igualmente cierto que la situación en que vivimos no la generó el gobierno solamente? ¿No es igualmente cierto que en nuestras trincheras personales a veces desdeñamos el orden y la legalidad por privilegiar soluciones más relajadas que nos acercan peligrosamente a fronteras de por sí poco claras entre lo debido y lo indebido? ¿No es cierto que manejamos a veces un doble discurso y una doble moral entre nuestro fuero interno y el público?
La lucha contra la corrupción requiere de cada mexicano, de su compromiso y responsabilidad; de cada conciencia, de cada voluntad y de cada denuncia. Requiere de todos y cada uno de nosotros mirando de frente, decididamente y de una vez por todas, al país que queremos para nuestros hijos.

junio 21, 2010

Congruencias partisanas

No nos engañemos, la realidad política que vivimos es resultado de una serie de pactos como los que ocurren dentro y fuera de las instituciones polítcas formales de cualquier país. En los salones de sesiones pero también en lo guardado, en lo obscurito. Así es la política, comprende de algún modo todo el actuar humano.

Ahora es el PRI quien "acusa" indignado y desencajado la existencia de elecciones de Estado y acarreos y demás. Han cruzado el río y ahora perciben las cosas desde la orilla opuesta. No es más. Y es que una vez alcanzado el cargo, el partisanismo implica necesariamente tender la mano al compañero correligionario. Quizá ello parezca razonable aún al más idealista y romántico. El problema surge cuando dicha posición se confunde y se transforma en complicidad y encubrimiento. En ese momento se ha cruzado el umbral de la ilegalidad para entrar en un terreno del que no hay retorno porque los engranes del Estado no paran su curso. Se ha ingresado al terreno de la traición de una representación política de por sí desmejorada, pálida y con pocos medios para reanimarse en el marco del actual andamiaje institucional.

Cruzado dicho umbral ya no importa la adscripción, no hay distinción de colores o tendencias, se ha superado toda barrera de esa índole por preservar la congruencia del militante, del simpatizante; en realidad, para autopreservarse a costa de la propia institución que representan y de la que forman parte.

Las conductas cuya sanción hoy con dedos flamígeros reclaman algunos, son aquellas en las que una y otra vez incurren todos en mayor o menor medida. Unos se cuidan más, otros hasta para eso son negligentes. El cinismo insultante de negar lo evidente; se trate de videos o grabaciones, debe recordarnos que aunque no contamos con la figura de la reelección que tanto bien traería a este país amén de posturas infundadas; al menos tenemos una ocasión para sancionar de algún modo a quien no haya hecho su trabajo. Es de nosotros de quienes depende que la complicidad y el encubrimiento no se perpetúen con independencia de su origen y de filias y fobias personales. Seguir pensando que todo está bien me recuerda tanto a Brecht pues quizá nadie diga nada cuando vengan por nosotros.